Allá por 1998, un yo de 14 años, y muchos compañeros de instituto jugamos a 'Resident Evil 2'. Seamos sinceros: nos flipamos con él. Era ese juego, como lo había sido en las recreativas ‘Mortal Kombat’; tres años antes, que tu madre no podía saber que jugabas. Era ese juego en el que podías coger una magnum y volar en mil pedazos de gris y rojo las cabezas de tres zombis. Era ese juego que había que jugarse hasta cuatro veces para verlo todo: con Leon/Claire de primeras, con Leon/Claire de segundas; y muchas más si uno quería transformarse en un pedazo de tofu gigante y pasarse el juego con un cuchillo, de machaca.


Comentarios recientes